Llegué a México el 27 de diciembre de 2016, con la intención de pasar año nuevo con toda la magia mexicana. Quería un acercamiento a los sabores, cultura y música de este rico país.

Quería descansar y darme esas merecidas vacaciones después de 2 años, lleno de eventos inesperados. ¿El destino? Playa del Carmen, en Gran Porto Resort Hotel, ubicado a solo 2 cuadras de 5ta avenida, calle comercial, gastronómica y de entretenimiento de la cuidad.

Disfruté de sus playas, leí y descubrí todas las variedades de restaurantes que me ofrecía el hotel. El restaurant que mas me llamó la atención fue Maria’s, especializado en comida mexicana, donde probé cada uno de sus platos, encontrando en ellos sabores, colores, olores y texturas que deleitaron mi inexperto paladar.

Ya siendo conocida en el restaurant, Saraín, uno de los mozos que habitualmente me atendía, me hizo probar distintos platos, disfrutando cada uno de ellos. En mi último día, el chef encargado preparó una cena de despedida, con una tapitas de Camarón, cerdo y Huitlacoche

(hongo que crece en el maíz. Tiene un sabor muy parecido al champiñón). El segundo plato me sorprendió: sopa de lima, una de mezcla de sabores salados y ácidos. Terminé con fajitas hechas de base de pollo, una delicia.

Después de mis días de descanso y de largas siestas en la playa decidí hacer mis recorridos culturales en la zona.

Tomé un tour, donde recorrí Tulúm, Ruinas de Cobá y el Cenote de Cobá Mayaville.

Las ruinas de Tulum son pirámides construidas por los mayas con vista al océano, encima de un pequeño acantilado. Este lugar tiene unas playas maravillosas, con aguas color turquesas del Mar Caribe. Me enamoré de esa playa y posteriormente volví por el día a disfrutarla.

Cuando llegué a las Ruinas de Cobá, me impresionaron los árboles del parque selvático donde se encuentra esta pirámide, la única caminable. Hay que recorrer 2 kilómetros para llegar verla. Desde su altura puedes admirar las copas de los árboles de la selva, una vista que no pude admirar: su escalera es tan empinada que llegué solo hasta la mitad. Con 120 peldaños, 42 metros de altura, me produjo vértigo y tuve que bajar.

Antes de llegar al cenote, en una pequeña localidad cercana, la comunidad Esmeralda nos esperaba a almorzar, con un menú típico y mucho picante.

Ya terminando este recorrido, me bañé en el cenote de Cobá, esto fue lo que más disfrute. Un cenote es simplemente un hoyo que se hace en la tierra, donde se forman piscinas que unen ríos subterráneos. Antes de ingresar, el chamán de la aldea nos hizo una ceremonia de limpieza para poder ingresar al inframundo y nadar en el cenote.

Dentro de este tour iba una familia de padres argentinos que llevaba 15 años en España, sus gemelos habían nacido allá. Ellos eran geniales, preguntaban de todo, apoyaban al guía con las explicaciones de los distintos lugares que recorrimos en el tour. Y en el Cenote ya estando en el agua, veo que uno de ellos se tira desde las alturas y cae al agua. Su gemelo estuvo mucho rato intentando poder lanzarse y al final lo logró. ¿Por qué les cuento esto? Porque creo que toparse con niños así, que comparten, disfrutan de la naturaleza, la historia, los viajes y no están sumergidos en la tecnología se ve muy poco. Además de ver que son hermanos, físicamente iguales y ser tan distintos en personalidad, lo encontré genial.

Acercándonos a fin de año, quería celebrar Año nuevo con una fiesta típica mexicana: tequila, música mexicana y comida picante. Quería simplemente ser parte de la tradición de México.
Me enteré que en Cancún hicieron Xochimilco, originario del DF, donde lo pase increíble. El recorrido por los canales a bordo de una trajinera (embarcación), donde bailé y canté con la música tradicional en vivo de mariachis y rancheros. Disfruté cada sabor de las deliciosas comidas mexicana y por supuesto hubo mucho tequila.
Estar en las trajineras, llenas de colores y luces, me hizo sentir que realmente estaba en México.

Alojando en un hotel al lado del centro, en la 5ta Avenida, recorrí cada rincón del centro. Lleno de música y colores. En esta avenida observas cosas muy entretenidas, desde artesanía ofrecidas por mujeres mayas hasta exfoliación en los pies con estos pequeños peces limpiadores, una sensación extraña pero agradable. Caminado te encuentras con muchos bares y restaurantes llenos de música, todos disfrutando el agradable calor de la noche en esta temporada.

Después de este gran viaje me quedo con una gran sensación de haber escogido un lugar lleno de magia, donde mis 9 días fueron perfectos para mi descanso, donde disfrute de la playa incluyendo mis siestas. Doy gracias por poder conocer y recorrer aunque fuese solo un poco de la cultura mexicana, que es lo que fui a buscar.

¡Viva México!

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